“Mendelssohn en el tejado” de Jirí Weil

 

Editorial: IMPEDIMENTA
Año edición: Madrid, 2016
Traducción: Diana Bass
Prólogo: PHILIP ROTH

Los árboles , triunfales e inmortales, crecían ofreciendo sus dones y sus servicios, y cuando tenían que morir, morían de pie. No eran piedras muertas erigidas para conmemorar, amenazar o recordar. Eran la vida venciendo a la muerte.

El tema de la llamada “Literatura del Holocausto” , siempre ha tenido un lugar importante en mi biblioteca, supongo que con la intención de entender lo 30063522incomprensible del “mal” cuando actúa de manera global e impersonal, como ya dije en mi entrada La lectora “enferma”. Primo Levi y su trilogía ( “Si esto es un hombre”, “La tregua” y “Los hundidos y los salvados) me inició duramente en el mundo de los Campos de Concentración. Leí, o mas bien investigué, a través de numerosos ensayos históricos, incluyendo las sesiones de los Juicios de Nuremberg  (que se conservan en la Biblioteca del Congreso de EEUU y se puede acceder por Internet), o  con el libro escrito por el psiquiatra norteamericano Leon Goldensohn “La entrevistas de Nuremberg”, un cara a cara con aquellas mentes pensantes y creadoras y ejecutoras en la sombra, de lo que es todavía una incomprensible matanza de millones de seres humanos. Entender los hechos políticos y cómo llegan los seres humanos en determinados contextos, a imbuirnos de un “mal” colectivo y dejarse llevar por los acontecimientos históricos como seres alienados, sin moral ni ética individual, aceptando los hechos sin apenas resistencia, lo intenté vislumbrar a través de la filosofía de Hannah Arendt  con “Los orígenes del Totalitarismo” y “Eichmann en Jerusalén” con su teoría tan controvertida de la llamada “banalidad del mal“.

He leído mucha literatura, basada generalmente en hechos reales, aparte de la de Levi,  la de  Elie Wiesel, Imre Kertész, entre otros. Con ellos entramos en los propios Campos que es un mundo desgarrador y de muy difícil lectura (aunque creo que es necesario leer, quizás con la leve esperanza que esos hechos no lleguen a suceder… muy leve). También hay un tipo de  literatura que no se desarrolla en los Campos, pero mientras leemos estas lecturas, algunas ficticias y otras no, es imposible no olvidarlos y tenerlos presente como imagen de fondo. Así ocurre con los “Diarios” de Anna Frank o de Hèlène Berr . Libros inacabados por la barbarie colectiva en la que se sumió una gran parte de Europa durante la II Guerra Mundial.

Con la novela “Mendelssohn en el tejado” de  Jirí Weil, nos encontramos con una obra de ficción, pero que trasciende a una realidad conformada y claramente objetiva. Ya dije en mi presentación que por problemas personales me negué a seguir obsesionándome con ésta búsqueda sin sentido del conocimiento de aquellos hechos históricos, pero la editorial Impedimenta, ha publicado esta joya literaria y a este autor, desconocido para mí hasta este momento, y he sido incapaz de resistir… y me alegro por ello.

La acción, que se desarrolla en la ciudad de Praga comienza con una situaciónc77cbe95a9e0f6f06a8aff90db72464e ciertamente surrealista y con tintes cómicos, al querer destruir la Estatua del compositor de origen judío Mendelssohn del tejado de un edificio que será utilizado por las fuerzas alemanas ocupantes, por parte del colaboracionista Julius Schlesinger. El hecho es que ninguno, ni él, ni los operarios que realizan el trabajo saben cuáles de aquellas estatuas es la del músico.  La solución que toman es dejarse llevar por las premisas raciales y nada mejor que distinguir a un judío  por su nariz. Esta medida casi llega a la destrucción de la estatua de Wagner, paradójicamente el músico del nazismo es quién tiene la nariz más grande.

De ahí pasamos por distintas situaciones que van a tener un denominador común una Estatua. El sufrimiento del hombre, que según la mitología griega nace de la piedra, ve su reflejo en las Estatuas que aparecen: la Estatua de la Justicia, destruida por el judío Reisinger; la Estatua de Roland en uno de los puentes de Praga, que contempla el carnicero de Praga “Protector de Bohemia y Moravia” Reinhard Heydrich (organizador de “la Noche de los Cristales Rotos” y de la llamada “Solución Final); la Estatua dePA211878 Moisés que contempla el Consejo Judío que cumple escrupulosamente las normas impuestas por el Protectorado en lo que refiere al envío de judíos al Este, y por tanto a la aniquilación en las Campos de Concentración; la Estatua humana de Rudolf Valitzer ( tenía una enfermedad que le iba convirtiendo en piedra) o la Estatua en forma de T, realizada  con madera, para la ejecución de una serie de judíos escogidos a causa del asesinato de Reinhard Heydrich (hecho real que produjo una terrible venganza por parte de las fuerzas alemanas), que queda solitaria tras la dura ejecución, en la fría nieve  del campo de Terezín … el patíbulo. Este autor juega con cierto simbolismo  mediante las Estatuas, para explicar el sufrimiento judío en el ghetto de Praga, Terezín (Theresienstadt), junto a diversos personajes que sobreviven(o intentan sobrevivir), dejándose llevar por el enemigo, con la esperanza que esa sumisión les lleve a la supervivencia.  Es el caso del doctor Rabinovic fiel cumplidor de las leyes y normas judías que sufre más por incumplir la Torá que del sufrimiento que le rodea.

La paradoja de esta maravillosa novela, donde los personajes que van apareciendo e intercalándose en la trama, víctimas y verdugos,  humanos y Estatuas nos llevan hacia un final previsible, por lo conocido; es que todas las Estatuas sobreviven, excepto la Justicia machacada a golpe de martillo hasta su total destrucción por el judío Reisinger, que huirá sabiendo que es la única salida para su supervivencia (muy paradójico tanto por la Estatua destruida como por la huida, pues el autor se salvó de la aniquilación en los Campos, huyendo también, quizás era de alguna manera  su alter ego).

Puente-de-Carlos

Una novela que va in crescendo respecto a la situación de los judíos de Praga. Quizás no veamos los campos, pero los olemos, igual que percibimos las cenizas en el aire que salen de las  chimeneas crematorias lejanas, en un Este percibido como algo funesto y definitivo, aunque para ninguno de Terezin hay un conocimiento real de lo que allí ocurre. Quizás es ficción, pero no hay más realidad que la muerte de tantos millones de personas. Sí, las estatuas permanecen, porque la humanidad siempre sobrevive pues nace de la piedra, pero nunca es igual. Al final siempre quedará grabada la canción de esas dos hermanas que cantaban como símbolo de resistencia y lucha y que al estilo de Anna Frank vivían escondidas entre paredes y armarios. Hermoso libro, duro, la vida en tiempos de guerra, víctimas y carniceros entrelazados, y cerca esas Estatuas que permanecieron inalterables al paso de ese cataclismo cruel, como símbolo de lo único que quedó en pie en la Vieja y Herida Europa … todas menos la Justicia.

 

jiri_weil

Jiří Weil nació en Praskolesy, cerca de Praga el 6 de agosto de 1900. Fue el segundo hijo de una familia de  ortodoxos judíos. Weil se graduó de la escuela secundaria en 1919. Después de su graduación, Weil fue aceptado en la Universidad Carolina de Praga. Él terminó su tesis doctoral, ” Gogol y la novela Inglesa  del siglo XVIII.”
En 1921, Weil se unió a los jóvenes comunistas y alcanzó una posición de liderazgo en el grupo. Él tenía un gran interés en la literatura rusa y se convirtió en uno de los primeros traductores de la literatura rusa contemporánea a la lengua checa.
En 1922, Weil viajó por primera vez a la Unión Soviética con una delegación de jóvenes comunistas. Weil trabajó en Moscú de 1933 a 1935 como periodista y traductor de la revista marxista de literatura en el departamento de publicaciones de la Comintern , el ala internacional de el Partido Comunista de la Unión Soviética . Gracias a ello,  ayudó a traducir el libro de Vladimir Lenin ” El Estado y la revolución ” al checo. Con el inicio de las purgas estalinistas, Weil se encontró en un terreno inestable en Moscú y en el partido comunista. Fue expulsado del Partido Comunista y exiliado a Asia Central . Las circunstancias de su expulsión y su posterior deportación a Asia Central nunca han sido totalmente explicado, pero estas experiencias marcaron un punto de inflexión para Weil.
En 1935, Weil regresó a Praga y publicó su novela Moskva-Hranice (1937), un relato de las purgas. El Acuerdo de Munich anunciaba problemas a la población judía de Europa, pero Weil fue incapaz de unirse a sus familiares en Gran Bretaña.
Durante la ocupación nazi, Weil fue asignado para trabajar en el Museo Judío de Praga. Fue llamado para ser internado en el ghetto de Terezín (Theresienstadt) en noviembre de 1942, pero decidió no ir, por lo que escenificó su propia muerte. Weil sobrevivió al resto de la guerra escondiéndose en varios apartamentos ilegales, con varios conocidos e incluso pasó un tiempo escondido en un hospital. A pesar de la enorme dificultad, Weil siguió escribiendo. Todas estas vivencias la vemos reflejadas en algunos personajes de la novela en cuestión
Después de la guerra, Weil se reintegró en la vida cultural checa desde 1946 a 1948, trabajó como redactor en ELK. Publicó un libro lírico de tributos a los compañeros caídos, BARVY (colores), una novela, Makanna Divu OTEC, que ganó el premio del libro de Checoslovaquia ese año. Después de 1948, Weil perdió su posición cuando la prensa fue nacionalizada.
A partir de 1949, el trabajo de Weil se centró en temas judíos. Su libro “Vida con estrella”, publicada en 1949, es probablemente su obra más conocida. Fue muy criticada tanto desde el punto de vista ideológico como religioso y fue prohibida. El reanudó el trabajo en el Museo Judío, donde jugó un papel decisivo en la creación de una exposición de dibujos de niños de Terezín, “Nunca vi otra mariposa”, y la creación de un monumento para los ciudadanos judíos asesinados por los nazis en la Sinagoga Pinkas.
Con el deshielo, Weil fue readmitido en la Unión de Escritores. Weil trabajó de forma continua hasta su muerte por leucemia en 1959.

 

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Acerca de oliviaylibros

Luchadora, voraz lectora y dibujante principiante, que ama la Vida por encima de todo
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5 respuestas a “Mendelssohn en el tejado” de Jirí Weil

  1. Soledad Jiménez dijo:

    Interesantes, libro y autor. Sobre el Holocausto, el exterminio judío, no sé Olivia si has visto algunas de estas películas, que a mí me han impactado: “Ida”, una película en blanco y negro, polaca, que da mucho que pensar, de 2013, dirigida por Pawel Pawlikowski, y ” El lector”, de 2008, dirigida por Stephen Daldry, una adaptación de la novela homónima de Bernhard Schlink. Curiosamente, después de ver la última película, me leí la novela, y tengo que reconocer que me gustó más la película que el libro,
    La relación del cine con la literatura es muy fructifera.

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    • Esta “obsesión” que he tenido fue al ver la serie Holocausto en televisión, me marcó mucho y no llego a entender todavía lo que ocurrió, mas cuando eran personas, con excepciones, cultas amantes de la música, los libros, una vida normal… quería saber. No suelo ver películas de las que haya leído el libro, es una manía, lo contrario si. Veo la película y me gusta saber más porque siempre es una visión sesgada de un libro. En este tema y en cualquiera. Sí vi la película El lector y me alegro por tu comentario que no leyera el libro, pues casi lo compro. Este es un libro diferente a la llamada “literatura de los Campos” como con Levi que es tan dura y descarnada, muy difícil de leer. Por ahí ya no pasaré. Este libro ha sido diferente, es ficción pero también realidad evidentemente por todo lo leído, me ha gustado por el desarrollo de la trama, hechos reales y ficción, y el juego simbólico con la Estatuas. Te recomiendo de Arendt “Eichman en Jerusalen”, es el juicio sobre este alemán capturado por los servicios secretos israelíes y juzgado. Ella como periodista hace una lectura de este juicio, que fue muy criticada, sobre todo por su teoría de la “banalidad del mal” y su defensa de un Tribunal Internacional.
      Mi siguiente reseña es conjunta “El extranjero” de Camus y “Diario de un hombre superfluo” de Turguénev. Lecturas nihilistas, al fin y al cabo el “inventor” del nihilismo fue este escritor ruso del XIX, y el libro de Camus es tan nihilista como existencialista. Vamos a ver como sale esta comparación tan complicada.

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  2. Carlos Tupiño dijo:

    Olivia, te felicito. Muy buen artículo; desde la introducción acerca de tus lecturas de la “Literatura del Holocausto”. He leído el primer libro de la trilogía de Levi y algunos sobre la Primera Guerra Mundial, los periodos de entre guerras y de la Segunda Guerra Mundial. Llegué a los dos primeros temas debido a mis lecturas de los escritores centroeuropeos. El primero de ellos fue Joseph Roth y luego siguieron Arthur Schnitzler, Sándor Márai, Kurt Tucholsky y Stefan Zweig.
    Lo que cuentas de “Mendelssohn en el tejado” ha despertado mi curiosidad. Es una buena reseña; es un libro que leeré. Son dos libros que me has recomendado: Kokoro y Mendelssohn…
    También buscaré uno de los libros de Arendt que mencionas tu artículo. De ella he leído “Más allá de la filosofía. Escritos sobre cultura, arte y literatura” de Editorial Trotta. Muy bueno.
    Las fotografías que acompañan tu texto están muy bien. Transportan al lector a los lugares que mencionas.
    Te comento que escribo en el blog Viejos Libros Viejos y llegué a este sitio por el dato que me diste en Twitter.

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    • De Arendt, también he leído ese libro, incluida su filosofía soy una gran admiradora de sus escritos y de su vida. No he leído a Tucholsky. Ya he buscado tu blog y después le daré un vistazo, por cierto he visto que uno de tus libros favorito es El extranjero, me encantará ver que piensas cuando ponga esa interrelación de dos libros.

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